Historia

El término “Nava”, hace referencia a unidades fisiográficas de origen glaciar de pendientes suaves en la zona central y paisajes graníticos en la periferia. En España hay cerca de 100 municipios que tienen este topónimo seguido de un identificativo. Básicamente se refiere a la existencia de praderas en zonas altas y montañosas, que servían como pastizales de verano.

Históricamente, los primeros asentamientos en la zona son anteriores al siglo XI, momento en que la leyenda sitúa el origen de la población de Las Navas. En el siglo XII, Alfonso X “el Sabio”, reparte las tierras de “Las Navas de Ávila” entre los caballeros distinguidos en la reconquista.

Los grandes propietarios, en los siglos XIV y XV establecieron aprovechamientos ganaderos, comenzando la actividad lanera y de pieles. Con la aparición de la Mesta y el establecimiento de uno de sus ramales o cordeles cerca de Las Navas del Marqués, se potenció el comercio de la lana.

Hasta el siglo XVI, la economía era rudimentaria, exportando la lana producida por el ganado que pastaba en la región. En el siglo XVII aparecen las pequeñas industrias textiles; cardadores, tejedores, bataneros, hilanderos y tintoreros organizados en gremios. En la actualidad todavía pueden reconocerse los emplazamientos de algunos de los antiguos batanes en los arroyos de la zona.

En el siglo XIX decae el comercio textil y la fabricación de paños por la fuente competencia que ejercían los productores de la zona. Actualmente la base tradicional de la economía, la ganadería, sigue con evolución continua en los sistemas de explotación. El ganado, originalmente ovino, es en la actualidad bovino, ovino, caprino y caballar.

Tradicionalmente, el aprovechamiento forestal de la zona fue la extracción de madera para sus distintas aplicaciones en construcción, industrias y el empleo de las leñas con fines energéticos. A mediados del siglo XIX, Angela, la Duquesa de Medinaceli y Marquesa de Las Navas, pensó en aprovechar la resina de los pinos, como había visto hacer en Francia en la zona de las Landas, con motivo de sus viajes a París. Hizo venir de la zona próxima a Burdeos a expertos en resinación, que enseñaran a los naveros a sangrar los árboles, utilizando herramientas que todavía hoy conservan su nombre francés. Se construyó  una fábrica de la que se obtenían productos como aguarrás o aceite volátil de trementina, para obtención de barnices y también para usos medicinales.

La fábrica de resinas fue remodelada en varias ocasiones, creando en torno a ella diversas instalaciones necesarias para el desarrollo de la producción, como la fábrica de tejas y potes de resinación, cuyas ruinas aún permanecen a orillas del arroyo del corcho, próximas a los prados de Blascaceo;  sus ruinas son conocidas todavía por los lugareños por el nombre de “Casa de los Cacharros”. Con el tiempo y la evolución de los mercados, la fábrica de resinas fue transformada en serrería y en la actualidad se encuentra inactiva y cerrada.

La Duquesa Angela dio un fuerte impulso a la zona, estableciendo su residencia en lo que hoy es la Ciudad Ducal. Consiguió que el tren pasase por la ciudad a cambio del terreno necesario para su tránsito, consiguiendo así una mejor conexión con el exterior, lo que ayudó a alcanzar el esplendor económico de que gozó en esta época.

En 1906, La Unión Resinera Española (LURESA) compró las tierras pertenecientes a los Duques y se dedicó a la explotación masiva de la resina, construyendo atalayas contra incendios, pistas forestales,...

En los años cuarenta, LURESA desarrolló una urbanización de lujo en los terrenos en los que había establecido en tiempos su residencia la Duquesa de Medinaceli. La finca de 111 Ha. Constituye el núcleo de población que se conoce como Ciudad Ducal.

Con los años sesenta, llegó la decadencia de la explotación resinera y LURESA se vio obligada a replantear la explotación de la finca. Vendió muchas parcelas, urbanizó terrenos y estableció una zona de segundas viviendas para residentes en Madrid, aprovechando el clima agradable, las comunicaciones y belleza del lugar.

A finales de la década pasada, se iniciaron las conversaciones entre el Ayuntamiento de Las Navas del Marqués y LURESA, con el fin de adquirir la finca para el disfrute de todos los naveros y evitar su división y venta en porciones. Tras difíciles y costosas negociaciones, el Ayuntamiento (70%) constituyó una Sociedad mercantil junto con la Diputación Provincial (10%) y Junta de Castilla y León (20%), lo que le da mayor estabilidad y proyección de futuro, formalizando la compra de esta finca de 7.600 Has. el día 12 de Junio de 2.000, por un importe que ronda los 9 millones de euros.

Hoy en día Las Navas del Marqués, tiene una población creciente que además en verano se multiplica considerablemente, con industrias pequeñas que abastecen a los residentes, exportando productos primarios a las ciudades próximas y la explotación de esta finca supondrá un importante impulso para la economía local y el turismo.La finca adquirida a  LURESA, denominada “Montes de Las Navas”, tiene una extensión superficial equivalente al 80% del término municipal y constituye un suelo de gran atractivo para el Ayuntamiento de Las Navas del Marqués pues su adquisición permitirá, al tiempo:

  • Gestionar y ordenar las actividades que hoy se realizan en su seno: aprovechamientos forestales, pastizales, actividades cinegéticas.
  • Abrir nuevas actividades, coherentes con su marco natural y su alto valor locacional: Ocio y Tiempo Libre (Deporte, Aventura, Hoteles, Casas Rurales, etc.), impulso de las Energías Renovables (Parque  Eólico, Centrales de Cogeneración de Energía), puesta en valor de la finca (Senderismo, Centro de Interpretación de la Naturaleza, racionalización y mejora de los aprovechamientos forestales, etc.)
  • Gestionar directamente el desarrollo urbanístico del municipio poniendo en el mercado suelos urbanizables de acuerdo con un “plan por etapas” preconcebido preservando el medio ambiente.
  • Impulsar el desarrollo local al mejorar las actividades que tradicionalmente se han explotado y las posibilidades que depararán las nuevas, haciendo partícipe a la comunidad de este progreso.

Se trata de todo un desafío que requiere, en primer lugar, de un marco jurídico que favorezca su gestión profesionalizada; y en segundo lugar, una rentabilidad adecuada. Uno y otro están orientados por el buen camino.